Third Sunday of Lent

Homily / March 7

I have asked you to pray for a couple that’s working very hard on repairing their marriage. The wife was unfaithful to her husband, and the husband asked to speak with me. He was very hurt, but was also very determined to make his marriage work. He told me that he wasn’t angry with his wife, which allowed for good conversation to take place between them. In all of the words that I offered, I remember telling him, “Don’t be surprised if anger doesn’t surface in you at some point. You have a right to be angry. And you may need to become angry if you are ever going to heal.”

Is anger ever good? The Gospel today makes an argument for saying, “Yes”. In very few parts of the Bible do we hear of Jesus getting angry. But the scene in today’s Gospel has him going through the temple in a rage. If it’s alright for Jesus, is it alright for us?

Anger is real, and there are legitimate experiences that rightfully create anger in us. The sexual abuse scandal in the Catholic Church rightfully makes us angry. The injustices and racism suffered especially by people of color lead to anger. The conduct and hypocrisy of legislators who remain blind to the truth is reason for anger. I believe that in these situations, Jesus’ wrath would have flared up too.

Elizabeth Kubler-Ross wrote a landmark book on death and dying. In it, she states that anger is necessary and normal if a person is ever going to find peace after the death of a loved one. I spoke with a friend of mine whose husband died a few years ago, and she was a little surprised that years after his death, she was only now getting angry with why he left her, why her husband had to die so young. Anger is good and even necessary when it leads to good. Anger alone benefits no one. Anger is not an end in itself. Righteous anger does not stay angry, but leads to healing and peace.

It’s also important to realize that anger is an emotion that we can control. It’s not totally accurate to say that someone or something made me angry. What is accurate is that we have allowed ourselves to become angry. We have the free will and control to choose over what we allow to anger us and what we will not allow to anger us. If we find anger getting the best of us, we may not have realized that we have a choice to exercise.  

Today’s Gospel is one of the very few times when we hear Jesus being angry. With the experiences that he had with the scribes and Pharisees and even his own disciples, I have to believe that there were many times when he could have been angry. But he shows us a control over those moments. Anger is not the most flattering of emotions in our life. Who likes to encounter someone who’s chronically angry? But righteous anger has the goal of healing. As Jesus purged the temple of the money-changers, we look at what we need to purge in our own lives this Lent, and anger may actually be one of those tools that helps us to heal and bring us to a greater peace in our lives.

Español:

Yo les he pedido que oren por una pareja que está trabajando muy duro para reparar su matrimonio. La esposa le fue infiel a su esposo, y él pidió hablar conmigo. El esposo estaba muy herido, pero también estaba determinado en hacer que su matrimonio funcione. Me dijo que no estaba enojado con su esposa, lo cual permitió que una buena conversación tuviera lugar entre ellos. En todas las palabras que ofrecí, yo recuerdo diciéndole, “No te sorprendas si el enojo, si la ira aflora en ti en algún momento. Tienes derecho de estar enojado. Y puede que necesites enojarte si alguna vez vas a sanar.”

¿Es el enojo bueno de vez en cuando? El evangelio de hoy hace un argumento para decir “Sí”. En pocas partes de la Biblia oímos a Jesús enojado. Pero la escena en el evangelio de hoy lo muestra yendo por el templo lleno de rabia. Si está bien para Jesús, ¿está bien para nosotros?

El enojo es real, y hay experiencias que legítimamente crean el enojo en nosotros. El escándalo de abuso sexual en la Iglesia Católica legítimamente nos hace enojados. Las injusticias y el racismo sufrido especialmente por la gente de color, llevan a la ira. La conducta e hipocresía de los legisladores que permanecen ciegos a la verdad es razón para el enojo. Yo creo que, en estas situaciones, la ira de Jesús habría estallado también.

Isabel Kubler-Ross escribió un libro histórico sobre la muerte y muriendo. En él, ella dice que el enojo es necesario y normal si una persona alguna vez va a encontrar la paz después de la muerte de un querido. Yo hablaba con una amiga mía, cuyo su esposo murió hace pocos años atrás, y ella misma estaba un poco sorprendida que después de años de la muerte de su esposo, ahora ella solo estaba enojada porque él se fue, ¿por qué su esposo tenía que morir tan joven? El enojo es bueno y aún necesario cuando conduce al bien. El enojo solo no beneficia a nadie. El enojo no es un final en sí mismo. El enojo justo no es permanente, más bien conduce a la sanación y la paz.

Es importante también reconocer que el enojo es una emoción que podemos controlar. No es totalmente preciso decir que alguien o algo nos hace enojarnos. Lo que es preciso decir es que nos hemos permitido enojarnos. Tenemos el libre albedrío y control para escoger sobre lo que permitimos y no permitimos que enoje. Si encontramos al enojo obteniendo lo mejor de nosotros, a lo mejor no nos habíamos dado cuenta de que contamos con una opción para practicar.

En el evangelio de hoy es una de las pocas veces cuando oímos a Jesús enojado. Con las experiencias que él tuvo con los escribas y los fariseos y también con sus discípulos, tengo que creer que hubo muchas veces en las que pudiera haberse enojado. Pero nos muestra un control sobre esos momentos. El enojo no es una de las más halagadoras emociones en nuestra vida. ¿A quién le gusta ver a alguien cuanto está crónicamente enojado? Pero el enojo justo tiene la meta de sanación. Así como Jesús purgaba el templo de los cambistas, miramos lo que necesitamos purgar en nuestras propias vidas esta Cuaresma, y el enojo realmente sería la herramienta que nos ayuda sanar y llevarnos a una paz más grande en nuestras vidas.