Second Sunday of Lent

Homily / February 28th, 2021

As important as the Gospel is, the first reading is a powerful and challenging reading for us in Lent. I am not a parent. But even I can feel the pain in my stomach with the description of Abraham offering his only son as a sacrifice to God. How could he do that? In the Gospel, we hear of no hesitation in the words or actions of Abraham to do what God had asked of him. Remember, too, that Abraham and his wife Sarah had waited all of their life for a child. The Bible tells us that Abraham was 100-years-old when Sarah gave birth to Isaac. They’re not likely to have another child. Still God asks Abraham, “If you love me, put the sword to your son”.

When we hear the words of the angel, there’s almost a great sigh of relief in us as Isaac is spared. But the story then puts the question to us, “How far will you and I go to show our love for God?” Can we put God first, I mean absolutely first in our lives, without exception, even before a child or grandchild? Even before your spouse? Even before mother or father?” How far are we willing to go?

It helps us to think of that rare person who, in our opinion, fits that description – someone who truly puts God first in their life above all else. At the risk of putting someone on the spot, I will single out Mable Johnson who works with me in the RCIA Program. She and I have done that for years now, and after all of this time, I know Mable as one of those people who truly puts God first in her life. I know Sam, her husband. And I know how much Mable loves her extended family. But most importantly, I know how much Mable loves God. And she inspires me. Recently, she was telling me about a person who troubled her, and she told me how she resisted the temptation to gossip about that person. She said to me, “Father Mike, I decided that instead of taking it to the phone, I’d take it to the throne!” Isn’t that a great expression? It comes from a woman of great faith. Instead of speaking badly about someone, she lifted that person up in prayer.

I know that it’s not accurate to describe God in human terms. But in the Old Testament, in the Book of Exodus, God is described as a jealous God. And that comes to mind today when we are challenged to love God first and foremost with no exceptions. What we lose sight of is the fact that God rewarded Abraham for his great sacrifice. Abraham risked losing the one and only child that he would ever have, and was rewarded with descendants more numerous than the stars of the sky or the sands of the seashore. The second reading reinforces that message when St. Paul asks the rhetorical question, “Will God not give us everything?” So how far are you and I willing to go? God asks a lot of us in our lives. But God promises even more for whatever sacrifice we make. Despite the suggestive nature of my final words, when asking how far you and I will go for God, let me encourage you to “go all the way!” ¡¿Amen?!

Español:

Por importante que sea el evangelio de hoy, la primera lectura es una lectura poderosa y desafiante para nosotros en la Cuaresma. Yo no hijos y no soy padre, pero yo aún puedo sentir el dolor en mi estómago con la descripción de Abraham ofreciendo a su único hijo como sacrificio a Dios. ¿Cómo pudo él hacerlo? En el evangelio, no oímos sobre alguna vacilación en las acciones de Abraham al hacer lo que Dios le ha pedido. Recuerden, también, que Abraham y su esposa Sara habían esperado toda su vida por un hijo. La Biblia nos dice que Abraham tenían cien años cuando Sara dio a luz a Isaac. Ellos probablemente no tendrían otro hijo. Aun así, Dios le pide a Abraham, “Si me amas, ponle la espada a tu hijo.”

Cuando oímos las palabras del ángel, hay casi un gran suspiro de alivio en nosotros mientras Isaac se salva. Pero la historia pone entonces la pregunta ante nosotros, “¿Qué tan lejos iríamos ustedes y yo para mostrar nuestro amor por Dios? ¿Podemos nosotros poner a Dios primero, y quiero decir absolutamente primero en nuestras vidas, sin excepción, aún antes de un hijo o nieto? ¿Aún antes de su esposa o esposo? ¿Aún antes de su madre o papá?” ¿Qué tan lejos estamos nosotros dispuestos a ir?

Nos ayuda pensar en esa persona que, en nuestra opinión, cabe en esa descripción – alguien que verdaderamente pone a Dios primero en su vida sobre todo. Al riesgo de poner a alguien en un apuro, yo destacaré a Mable Johnson quien trabaja conmigo en el Programa RICA. Ella y yo lo hemos llevado juntos por muchos años ahora, y después de todo este tiempo, yo conozco a Mable como una de esas personas que verdaderamente pone a Dios de primero en su vida. Yo conozco a Sam, su esposo. Y yo sé cuánto Mable ama a su familia extendida. Pero más importante, yo sé cuánto Mable ama a Dios. Y me inspira. Recientemente, ella estaba diciéndome acerca de una persona que la molestó, y me dijo como resistió la tentación de chismear acerca de esa persona. Me dijo, “Padre Miguel, decidí que, en vez de tomar al teléfono, ¡yo lo llevo al trono!” ¿No es esa una gran expresión? Viene de una gran mujer de fe. En vez de hablar mal acerca de alguien, ella levantó a esa persona en oración.

Yo sé que no es preciso describir a Dios en términos humanos. Pero en el Antiguo Testamento, en el Libro de Éxodo, Dios se describe como un Dios celoso. Y eso viene a mi mente hoy, cuando somos desafiados a amar a Dios primero que todo, sin excepción. Lo que perdemos de vista es el hecho que Dios recompensa a Abraham por su gran sacrificio. Abraham arriesgo perder el único hijo que alguna vez tendría, y fue recompensado con descendientes más numerosos que las estrellas en el cielo o las arenas de la orilla del mar. La segunda lectura refuerza ese mensaje cuando San Pablo hace la pregunta retórica, “¿No va a estar dispuesto a dárnoslo todo?” Pues ¿Qué tan lejos estamos nosotros dispuestos a ir? Dios pide mucho de nosotros en nuestras vidas. Pero Dios promete aún más por cualquier sacrificio que hacemos. A pesar de la naturaleza sugerente de mis últimas palabras, cuando pregunto qué tan lejos estamos nosotros dispuestos a ir por Dios, ¡permítanme animarlos a “ir hasta el final!” ¿Amén?