Fourth Sunday of Advent

I wasn’t here for Mass last Sunday. But I mentioned in that homily of the need to pray for those who suffer from depression and low self-esteem at this time of year – a difficult time for such folks as not everything is joyful or happy in their lives. When everyone is celebrating around them, it is almost oppressive to deal with personal struggles like depression and low self-esteem.

In that sense, the first reading is helpful. It speaks of the littleness and insignificance of Bethlehem, a tiny town that many people overlooked, a tiny town that had little or no importance to it at all. But the prophet points out that even though it was little and insignificant, great things could be expected from it. Its littleness was not a measure of its value. It is another example of that line from the Scriptures in which God tells another prophet Samuel, “God does not see as you see, for you look at appearances, but the Lord looks into the heart.”

For whatever littleness or insignificance, we feel today – failure in a job, loneliness in the absence of a good relationship, disappointment with family, dealing with a lack of money as we head into Christmas – the message of the first reading today is encouraging and hopeful: we are not forgotten in our littleness. We are a little Bethlehem ourselves. God sees us especially in our littleness and promises to lift us up. Even in our time, we still need a savior and God promises to rescue us now just as God did thousands of years ago for the People of Israel. It is the reason we continue to pray, “Come, Lord Jesus, come.”

Español:

Yo no estuve aquí para la Misa el domingo pasado, pero mencioné en la homilía sobre de la necesidad orar por los que sufren de depresión y baja autoestima en este tiempo del año – es un tiempo difícil para estas personas porque no todo es felicidad o alegría en sus vidas. Cuando todas las personas están celebrando alrededor de ellos, es casi opresivo lidiar con las luchas internas como la depresión y la baja autoestima.

En ese sentido, la primera lectura es de ayuda, ya que nos habla de la pequeñez e insignificancia de Belén, un pueblo pequeño que mucha gente pasó por alto, un pueblo pequeño que tenía poca o no importancia en lo absoluto. Pero el profeta señala que, aunque era pequeño e insignificante, grandes cosas pudieran ser esperadas de él. Su pequeñez no era una medida de su valor. Es otro ejemplo de esa línea de las escrituras en que Dios le dice a otro profeta Samuel, “Dios no ve como usted, pues usted ve las apariencias, pero el Señor ve el corazón.”

Por cualquier pequeñez o insignificancia que nosotros sentimos hoy – el fracaso en un trabajo, la soledad en la ausencia de una buena relación, la decepción con nuestra familia, la falta de dinero mientras nos acercamos a la Navidad – el mensaje de la primera lectura de hoy es alentador y esperanzador: no hemos sido olvidados en nuestra pequeñez. Nosotros mismos somos un pequeño Belén. Dios nos ve especialmente en nuestra pequeñez y nos promete hacernos grandes. Aun en nuestro tiempo, todavía necesitamos a un Salvador y Dios promete rescatarnos ahora justo como lo hizo hace millones de años para el Pueblo de Israel. Esta es la razón por la que continuamos a orar “Ven, Señor Jesús, ven.”